Proyecto Ucrania, completado

Vladimir Putin abandonó el G20 sin esperar al final del programa. Por supuesto, el presidente de Rusia tiene derecho a dormir en Moscú, especialmente cuando tiene que “trabajar el lunes”.

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Puede que Putin no pudiera dormir en el avión, ocho horas hasta el Lejano Oriente ruso y otras ocho hasta Moscú. No parece creíble que el avión del líder de una potencia mundial no esté equipado con un dormitorio, opción que existe incluso en algunas aeronaves modernas y aviones privados de negocios. Para quienes pasan gran parte de su vida en el aire, cruzar varias zonas horarias no es un capricho sino una necesidad. Y es imposible imaginar que el Ministerio de Asuntos Exteriores o el Gabinete presidencial no informara al presidente del programa de la conferencia por adelantado.

Putin conocía perfectamente cuándo estaba previsto que finalizara la conferencia. Solía ser la norma que los dirigentes permanecieran en estas conferencias hasta el final. Es imposible imaginar que los organizadores preparen, planeen y coordinen los eventos mientras los invitados abandonaran la cumbre cuando les plazca. Más aun teniendo en cuenta que estos eventos solían formar parte de las negociaciones.

Así que se entiende que el presidente ruso abandonó la cumbre sin siquiera dar una explicación por sus actos. Se puedo haber alegado una enfermedad del presidente, pero Australia podría sentirse ofendida ante la excusa del deseo de dormir tras un vuelo de 16 horas, razón que finalmente se dio.

¿Qué causó tal reacción por parte de Vladimir Putin? Aunque el primer ministro australiano no hubiera pasado toda la semana previa a la cumbre anunciando su intención de interrogar a Putin sobre el derribo del MH17; aunque el servicio de prensa del primer ministro canadiense no hubiera filtrado a la prensa su “amenazante” exigencia de que Rusia abandonara Ucrania; aunque la prensa rusa no hubiera encontrado, justo a tiempo para la cumbre, una fotografía de otro avión derribando el Boeing; incluso así, habría sido evidente que el principal tema de negociación presidente ruso y los líderes occidentales iba a ser la crisis ucraniana.

En realidad, Rusia solo está interesada en la postura estadounidense en este tema. El resto de Occidente se mueve al ritmo marcado por Washington.

Teniendo en cuenta la explosiva energía social que parece estar acumulándose en una Unión Europea que sigue sin estabilizarse, puede que esta no tenga un gran futuro, aunque se mantiene ahí por el momento. Considerando que Estados Unidos y la Unión Europea no están aportando armas ni la ayuda económica necesaria, por lo que no están permitiendo a Ucrania estabilizar su situación en el país concentrando el poder en unas únicas manos (primero no permitiendo a Yatseniuk ser elegido presidente y después no permitiendo una mayoría amplia de Poroshenko en la Rada, que le habría dado libertad para nombrar a un primer ministro de su confianza), se puede entender que Occidente ha dado por perdido a Kiev. Tendría sentido discutir con Washington la situación después de la Ucrania que hemos conocido hasta ahora, así como la forma de financiar la recuperación y el desarme de las bandas fascistas.

¿Qué puede ofrecer Rusia en esta situación? Putin siempre deja abierta la puerta para que el oponente salve las apariencias. Por eso las propuestas rusas han de ir en la línea de las tesis de marzo-abril. Ucrania sería preservada como Estado, pero reorganizada en un Estado federal (que en la práctica sería confederado). Rusia y Occidente garantizarían, de forma conjunta, su completa y verdadera neutralidad. Los derechos de la población rusa deberían ser protegidos por la Constitución, cuya reforma debería hacer oficial el bilingüismo.

El problema de Crimea se solucionaría restableciendo un Estado ucraniano del que Crimea ya no forma parte. Rusia y Occidente soportarían conjuntamente el peso de restaurar la economía ucraniana, incluyendo la cancelación de viejas deudas, abriendo sus mercados a los productos ucranianos, reduciendo precios a sus importaciones y a la energía, así como garantizando asistencia financiera de forma directa o en forma de créditos.

Esta sería, claramente, una forma blanda de transferir a Ucrania a la esfera de influencias rusa, aunque Estados Unidos y la Unión Europea salvarían las apariencias, haciendo hincapié en haber salvado la integridad territorial ucraniana, así como confirmando el estatus de neutralidad.

La brusca marcha de Putin de la cumbre del G-20 confirma que Estados Unidos ha rechazado cualquier compromiso con Rusia con respecto a Ucrania. Así que en las próximas semanas, puede iniciarse una guerra abierta en todo el territorio de este Estado cada vez más cerca de ser un Estado fallido. La guerra podría conducirse en dos formatos.

La milicia no ha invertido estos dos meses de alto el fuego en vano, buscando y encontrando vehículos pesados en las estepas de Donetsk y captando y entrenando a miles de voluntarios, incluyendo entrenamiento específico de uso de tecnología moderna. Hay numerosos informes que dan fe de la alta densidad de tropas de las Repúblicas Populares concentradas en un puñado de unidades no necesariamente defensivas. Todas estas tropas están siendo protegidas: no han sido enviadas al frente. Su presencia podría romper el frente e infligir un golpe mortal a las autoridades de Kiev. El colapso del frente es el primer paso, seguido por la gradual ocupación del resto del territorio. Sería un proceso lento que dependería de la capacidad de la milicia y la reacción de las regiones.

El segundo formato implica una guerra civil interna en las autoridades ucranianas: Yatseniuk contra Poroshenko, Kolomoysky contra todos, fascistas contra oligarcas, el Ejército regular contra la Guardia Nacional, el campo contra la industria, etc. Este es el tipo de conflicto más duro, capaz de destruir a la población de Ucrania y hacer al resto rogar que termine el horror.

Putin ha intentado evitar este desastre, ofreciendo a Occidente la preservación de Ucrania bajo las condiciones de federalización y neutralidad. Este desastre es el producido por Estados Unidos. Se hizo evidente que la guerra civil era inevitable dos meses antes de las elecciones parlamentarias, cuando quedó claro que Turchinov, Yatseniuk y Avakov no acudirían a las urnas de la mano de Poroshenko sino contra él. Estados Unidos espera el momento en que los líderes de Kiev y sus matones fascistas comiencen a matarse entre ellos.

El alumno aventajado Yatseniuk y los obedientes Avakov y Turchinov, ahora despojados de los últimos hilos de idoneidad, están listos para empezar a dispar. Pero sus matones aún tienen miedo. Gran parte del ejército está del lado de Poroshenko y no tiene buena opinión de los batallones voluntarios. El colapso del frente, posible tras el fracaso de las negociaciones de Australia, elimina este impedimento. Poroshenko podría perder toda su credibilidad como comandante en jefe y también ante la sociedad y las agencias de seguridad.

Estados Unidos consigue así lo que quería: una guerra civil abierta que liquida los restos de la economía del Estado y el colapso de todo servicio social. En un periodo de días, el territorio podría volver a la edad de piedra. Estados Unidos espera haber separado para siempre a Rusia y Ucrania con la formación de la identidad ucraniana. Sabe además que la reconstrucción de unas condiciones normales de vida recaerá sobre Rusia y la Unión Europea, lo que hipotecaría parte sus recursos, dando una ventaja competitiva a Washington.

Estos cálculos son tan erróneos como el intento de fabricar un estado nazi anti-ruso a partir de Ucrania. Mucho de ese personal que forma el nacionalismo ucraniano quedará perdido en el frente de la guerra civil. Los líderes de la opinión pública, cuyo único discurso ha sido el del odio a Rusia, acabarán en Occidente, apartados de la primera línea política. La mayoría desaparecerán, porque Estados Unidos no quiere que haya testigos de sus crímenes. Incluso muchos de los que comienzan la mañana mirando a Occidente, acabarán odiando a este por su traición, una vez que este abandone a Ucrania a su suerte, algo que pronto será obvio incluso para los más fervientes seguidores de Maidan.

En este escenario, los restos de la población ucraniana se encontrarían con las tropas rusas o novorrusas igual que las tropas alemanas se encontraron con el Ejército Rojo y pronto se alinearían con la nueva ideología. No hay que olvidar que se ha formado en Ucrania un Estado totalitario y que este tiene una característica: la población comienza a amar lo que ha odiado una vez que cambia el viento. Es así como Ucrania se convirtió en una de las más leales repúblicas de la Unión Soviética y es así como de un plumazo la mayor parte de miembros del Partido Comunista (incluyendo a Kuchma, Kravchuk o Yushenko) se convirtieron en patriotas ucranianos y luchadores anticomunistas. La actitud de la población cambia con esa rapidez. Los conscientes constructores del comunismo se convirtieron en la base de la ucranianzación: rusos, judíos o tayikos se convirtieron en el núcleo duro ucraniano.

La negativa estadounidense a un compromiso podría condenar a Ucrania a una pesadilla para la población en un Estado que ya es fallido y a un posterior acceso del territorio a Rusia. El sentido de mantener la integridad territorial de Ucrania desaparecería, aunque podría compartirse el territorio con los países vecinos de la Unión Europea. Aunque perder ese territorio sería una pena, ya que los banderistas podrían ser empujados hacia Polonia.

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La milicia avanzaría despacio hacia el Oeste, así que cualquiera que quisiera unirse a la Unión Europea podría hacerlo personalmente. Pero en general, cuanto más rápido, menos daños personales. La lista de bajas está hoy en varios  miles y este número solo puede aumentar. Sería inevitable que varios millones de habitantes emigraran a Europa. En un escenario más pesimista, Ucrania podría perder hasta una cuarta parte de su población, no siempre por la vía de la emigración.

Todo estaría pagado. Por la estupidez, inmadurez, las galletas de Victoria Nuland, los sobres de la embajada estadounidense, créditos y visitas de Estado, años de mentiras, de incapacidad de la élite política y del pueblo de reemplazarla por otra: el precio sería sangre y más sangre. Porque Estados Unidos así lo habría decidido. Proyecto Ucrania, completado.

Rostislav Ishchenko, presidente del Centro de Análisis de Sistemas y Predicción

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