Bajo la «sabia dirección» de «Petro»

En Ucrania, el presidente Poroshenko sigue adelante con la misión que Washington le ha asignado: la destrucción de todo símbolo del comunismo. Poroshenko se integra así a la tradición que ya habían inaugurado los gobiernos de Polonia y de la República Checa. Mientras se estigmatiza a los militantes comunistas y se prepara la prohibición de su partido, se les reemplaza por neonazis que trabajan con la OTAN.

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El primer ministro [de Italia] Matteo Renzi elogió en Kiev la «sabia dirección» del presidente Poroshenko, a quien incluso llama familiarmente «Petro». Y el amigo «Petro» le ha garantizado que los empresarios italianos podrán participar en los próximos procesos de privatizaciones previstos en Ucrania, moviendo así hacia este último país más actividades productivas en detrimento del empleo en Italia.

En materia de privatizaciones, Poroshenko es todo un conocedor.

En los años 1990, con el desmantelamiento de la economía socialista, Porochenko obtiene a precios de ganga, o incluso gratis, la propiedad de varias industrias de producción de dulces pertenecientes al Estado y se convierte en «el rey del chocolate». Posteriormente extiende su imperio a la industria automotriz, la construcción naval y los medios de comunicación –actualmente es propietario del influyente Canal 5. Después de haber sido el pilar más importante de la «revolución naranja», en 2004, se convierte en ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Julia Timoshenko y del Comercio con Viktor Yanukovich. Años más tarde respalda y financia el movimiento Euromaidan, iniciado en noviembre de 2013 como una protesta contra la decisión del presidente Yanukovich de no firmar los acuerdos de asociación con la Unión Europea y convertido en un verdadero putsch que derrocó al presidente en febrero de 2014. Para ello utilizó como fuerza de asalto, bajo la batuta de Estados Unidos y la OTAN, a los militantes neonazis convenientemente entrenados y armados para ello, como lo prueba una documentación fotográfica sobre los jóvenes miembros de UNA-UNSO entrenados en Estonia en 2006.

Inmediatamente después, en marzo de 2014, las formaciones neonazis son incorporadas a la Guardia Nacional. En mayo de 2014, el oligarca Petro Poroshenko se convierte en presidente de Ucrania, con el respaldo de Estados Unidos, de la OTAN y de la Unión Europea –«sabia decisión», comenta [el presidente estadounidense] Barack Obama. Bajo la presidencia de Porochenko, los batallones neonazis –como Azov, Aidar y Dniéper– que constituyen la tropa de choque de la Guardia Nacional, cometen atrocidades contra los civiles de nacionalidad rusa en el este de Ucrania, actos ampliamente documentados a través de numerosos videos y testimonios.

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El emblema (a la izquierda) del batallón ucraniano “Azov”, que opera bajo las órdenes del ministerio del Interior, es la imagen invertida (como reflejada en un espejo) del emblema (a la derecha) de la división SS “Das Reich” de la Alemania nazi.

Se trata de los mismos batallones que hoy están siendo entrenados por cientos de instructores de la 173ª división aerotransportada enviados desde Vincenza [en Italia] a Ucrania, donde se mantendrán durante al menos 6 meses, junto otros instructores británicos y de otros países de la OTAN. Washington y Bruselas saben bien que la ideología de esos batallones es realmente nazi. El emblema del batallón Azov, que opera bajo la dirección del ministerio ucraniano del Interior, es la imagen invertida [como reflejada en un espejo] del emblema de la división SS Das Reich de la Alemania nazi. Así que cuando el presidente Poroshenko, enfundado en un uniforme militar, pasa en revista los batallones ucranianos que se inspiran en la ideología nazi está trabajando para liquidar definitivamente las ideas comunistas.

En el Canal 5 de la televisión ucraniana, propiedad del presidente Poroshenko, el ministro Ucrania de Justicia Pavel Petrenko anunció el 3 de marzo la presentación de un proyecto de ley que prohíbe la ideología comunista, siguiendo así el mismo camino de leyes análogas ya actualmente en vigor en Polonia y en la República Checa. Con esa ley, que prevé la prohibición de todo símbolo y propaganda comunista, el Partido Comunista de Ucrania quedaría automáticamente fuera de la ley.

En febrero pasado los jueces de la corte de Kiev bloquearon un proceso judicial tendiente a prohibir el Partido Comunista de Ucrania. Pero en el parlamento ucraniano se impuso la disolución del grupo comunista mientras que más de 300 miembros de esa formación política eran inculpados y son numerosos los militantes comunistas víctimas de actos de violencia o de intimidación.

Todo eso sucede bajo la presidencia de «Petro», a quien su amigo Matteo ha invitado a venir a Roma, ciudad donde se halla la sede de Il Manifesto, un periódico que, si estuviese en Kiev, estaría en peligro de desaparición, no por razones económicas sino porque se define como «cotidiano comunista».

Red Voltaire

 

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