Crímenes que quedaron impunes: los bombardeos de Gorlovka

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El mes de julio de 2014 comenzó con el durísimo golpe de la pérdida de Slavyansk y Kramatorsk, hasta entonces bastión de las milicias, y el posterior avance de las tropas ucranianas hacia las tres grandes ciudades de Donbass controladas por las Repúblicas Populares. Donetsk, Lugansk y Gorlovka pasaban a encontrarse en la primera línea de una ofensiva ucraniana que pretendía convertirse en la ofensiva final. En esas semanas se producían algunos de los bombardeos más duros, y con mayor número de bajas civiles, contra zonas urbanas: el 18 de julio en Lugansk y el 27 de julio en Gorlovka.

Un año después, la salida de Slavyansk, que marcó un punto de inflexión en esa parte de la guerra, aún divide a quienes ven en la maniobra un mal necesario para evitar una derrota segura y quienes ven en la retirada una traición que debió haberse evitado a toda costa. Al margen de la valoración militar, la pérdida de Slavyansk dio en todo caso lugar a un rápido, pero finalmente sólo temporal, avance ucraniano. La batalla por Donetsk parecía entonces inevitable e inminente.

La milicia perdió en la ofensiva ucraniana de julio una serie de posiciones importantes y el acercamiento de las tropas ucranianas a Donetsk, en serio riesgo de quedar rodeada, causó durante meses numerosas bajas. Pero la ofensiva que pretendía acabar para siempre con la rebelión se convirtió en prueba de fuego para las fuerzas de una milicia que supo hacer frente a la presión ucraniana. Tras semanas de constante pérdida de territorio, las milicias conseguían finalmente ofrecer una resistencia inesperada para las fuerzas ucranianas, convencidas, como ya había prometido el presidente Poroshenko, de que la operación antiterrorista sería cuestión de horas, no de semanas.

La resistencia de las milicias consiguió ganar unas valiosas semanas que le permitirían rearmarse y prepararse para la posterior contraofensiva que culminaría con la victoria en Ilovaysk y la expulsión de las fuerzas ucranianas del territorio y el primer acuerdo de alto el fuego.

Julio de 2014 supuso, además, la explosión definitiva de la guerra informativa, especialmente desde el momento en que las fuerzas ucranianas comenzaron a ser empujadas hacia el sur, en dirección a la frontera rusa, y acabaron rodeadas por fuerzas de la milicia. En su intento por mostrar la prueba definitiva de la participación rusa en la guerra, el embajador de Estados Unidos en Ucrania, Geoffrey Pyatt, publicaba el 27 de julio una serie de imágenes que debían probar que Rusia había intervenido directamente en la batalla disparando desde su territorio contra las fuerzas ucranianas.

Esas imágenes se convertían, de forma inmediata, en la principal historia del día en lo referido a Ucrania, en parte porque se sumaban a las acusaciones de que había sido un misil suministrado por Rusia el que había derribado el MH17 sobre la localidad de Grabovo unos días antes. Esas dos noticias eclipsaban completamente lo ocurrido ese día en Gorlovka, una ciudad brutalmente bombardeada por el ejército ucraniano a plena luz del día, y que recibía escasa atención de la prensa occidental.

El día anterior, el sábado 26 de julio, Andriy Lysenko, portavoz de la operación antiterrorista, insistía en los avances realizados por el ejército ucraniano. “En el curso de la última semana, hemos liberado 10 localidades en manos de los terroristas. Nos hemos aproximado a Gorlovka. Donetsk será la siguiente”, afirmaba Lysenko según recogía entonces Vice News. Ucrania confirmaba así su presencia en las afueras de Gorlovka, en realidad prácticamente rodeada por fuerzas ucranianas. En aquel momento, la estrategia ucraniana se limitaba a la entrada de tanques y blindados en las localidades tras un inicial bombardeo masivo. Las propias autoridades ucranianas habían confirmado su presencia en las afueras de Gorlovka, razón más que suficiente para considerar al ejército ucraniano como sospechoso de dicho bombardeo.

Más centrados en otros temas, principalmente en todo lo relacionado con el derribo del MH17, gran parte de los medios ignoraron los hechos. Al día siguiente, el informativo matinal de Televisión Española abrió su sección de deportes con el primer título de la temporada del Shakhtar Donetsk, también afectado por la guerra y obligado por las circunstancias a jugar sus partidos en Lviv, pero no realizó mención alguna a los bombardeos de Gorlovka. Aquella cobertura de la guerra, parcial, sesgada y que tan claramente muestra las prioridades del mundo occidental, inspiró una de las primeras entradas en este blog.

Muchos medios ignoraron completamente lo ocurrido en Gorlovka, pero entre los que no lo hicieron, algunos no descartaron la posibilidad de que las propias milicias hubieran bombardeado en pleno día una de sus ciudades. Vice News señalaba no poder verificar la información, mientras que otros medios, como Financial Times, simplemente mencionaban, en una frase, el número de víctimas sin buscar culpables. Dos días después, en un reportaje sobre Igor Bezler para The Guardian, Shaun Walker calificaba el bombardeo como despiadado, pero evitaba culpar directamente al ejército ucraniano. Las autoridades ucranianas se limitaban a afirmar que las bajas se habían producido debido a las “acciones militares”.

En su hábito de recurrir a fuentes locales que tiende a no identificar, The Interpreter conseguía culpar directamente a las milicias. “Se informa de que los proyectiles fueron disparados desde las afueras de la ciudad. Algunas informaciones locales afirman que fueron disparados por los militantes separatistas”. En la misma cronología del día, The Interpreter recogía a continuación las declaraciones ucranianas, que afirmaban haber acabado con una veintena de militantes. Esos cuerpos no aparecieron, aunque sí un número similar de civiles, masacrados cuando paseaban pacíficamente por un céntrico parque de la ciudad.

Ocupados en el intento de llegar a la zona en la que había sido derribado el Boeing de Malaysian Airlines y ante las dificultades de acceder a Gorlovka, prácticamente sitiada, los observadores de la OSCE no acudieron al lugar esa semana. No hay mención a los bombardeos en sus informes diarios de esos días.

Las imágenes de los proyectiles impactando en zonas civiles de la ciudad se distribuyeron por internet de forma inmediata, como también lo hicieron las fotografías de los momentos correspondientes al ataque. Los familiares aún trataban de buscar en refugios y hospitales a sus seres queridos cuando las imágenes de esas personas, muertas o heridas, ya se habían convertido en virales en la red.

Lo ocurrido en Gorlovka el 27 de julio de 2014 y la reacción ucraniana y occidental muestran a la perfección la actitud de las partes ante el conflicto y, especialmente, hacia las bajas civiles. Pese a que a lo largo de este año tanto el presidente Poroshenko como el primer ministro Yatseniuk hayan repetido que las fuerzas ucranianas no disparan contra objetivos civiles, la realidad les desmiente. Con la artillería pesada y los sistemas “Grad”, de escasa precisión y disparados a kilómetros de distancia del objetivo como principal arma en la guerra, las afirmaciones de las autoridades ucranianas son solo palabras vacías.

Días después del bombardeo, Natalia, que había perdido ese día a su hija Cristina y a su nieta Kira, trató de unirse a las madres de soldados que protestaban por la guerra ante la administración presidencial. La seguridad le impidió el paso. Siguiendo su costumbre de llorar únicamente las muertes civiles que puede utilizar políticamente, Ucrania ignoró desde el primer momento las muertes de Gorlovka.

“Quiero saber quién bombardeó Gorlovka. Creo que fueron las tropas ucranianas, pero si no fueron ellos, dejemos que lo prueben. Los dos, las tropas del ejército ucraniano y las tropas de la República Popular de Donetsk. Que den pruebas de su culpabilidad o inocencia. Quiero que el comando ATO ucraniano muestre pruebas de que sus Grads no actuaron en domingo 27 de julio a las dos de la tarde en nuestra ciudad”, reclamaba Natalia en una entrevista. La foto de Cristina, con su hija Kira en brazos, muertas en el parque de la ciudad ya había dado la vuelta al mundo antes de que Natalia pudiera encontrarlas. Aquel día dejó algunas de las imágenes más crueles de la guerra, esas que mejor reflejan el sufrimiento que causa en la población civil.

Pese a la esperanza ucraniana de que las milicias se retirarían de la ciudad, como lo habían hecho en otras localidades más pequeñas y de menor valor, Gorlovka era la línea roja que no podían permitirse cruzar. Un año después, la RPD continúa controlando la ciudad, aún en la primera línea del frente. Esta semana, la RPD anunciaba que había comenzado a retirar, de forma unilateral, su armamento de la línea del frente. Horas después, el presidente Poroshenko trataba de presentar la idea como suya, anunciando la creación de una zona desmilitarizada cuyo objetivo era que los militantes no pudieran continuar bombardeando las ciudades de Donbass. A pesar de este acuerdo, que debe firmarse el 3 de agosto, el ejército ucraniano continúa bombardeando prácticamente a diario zonas de Gorlovka.

slavyangrad

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