Detrás de esas fotos de niños

A la luz de las convenciones internacionales, el reclutamiento de niños en grupos armados constituye un crimen de guerra. Pero los aliados neonazis de la OTAN organizan periodos de entrenamiento paramilitar para los niños ucranianos. En Europa occidental, el uso de niños en las imágenes publicitarias está sometido a reglas extremadamente severas. Pero la foto del cuerpo de un niño sirio ahogado en una playa turca apareció en la primera plana de prácticamente todos los diarios atlantistas.

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Cuando llegaron al «campamento de verano», en una zona boscosa de los alrededores de Kiev, estos niños recibieron una bonita camiseta amarilla en la que aparecen las siluetas de dos niños armados con fusiles. Una de las siluetas porta además el emblema del batallón Azov, inspirado en el símbolo de… la División Das Reich de las SS, un símbolo proveniente del misticismo nazi. Los niños (incluyendo infantes de sólo 6 años) y adolescentes que han pasado por ese campamento en grupos de 30 o 40 –según reporta el diario Kiev Post]– «no jugaron a los soldados sino que recibieron un verdadero entrenamiento militar impartido por instructores del Batallón Azov». Dicho de otra manera, esos niños se entrenaron militarmente con los neonazis que han venido cometiendo atrocidades contra los civiles de nacionalidad rusa en el este de Ucrania.

El Batallón Azov y otros neonazis forman parte de la Guardia Nacional ucraniana [creada después del pustch de Kiev], asociada o hermanada con la Guardia Nacional de California y entrenada por instructores estadounidenses y británicos para participar en la «operación antiterrorista» [de Kiev] en la región de Donbass.

El campamento de verano constituye la primera fase del reclutamiento de niños soldados, escribe Michel Chossudovsky en un artículo debidamente documentado e ilustrado con fotos. Además de enseñarles a disparar, a esos niños se les enseña a odiar: «Mataremos a todos los rusos», jura uno de ellos.

La foto de un niño ucraniano cuya vida comienza bajo el signo nazi del «gancho del lobo» es al menos tan terrible como la del niño sirio cuya vida se apagó en las aguas del Mediterráneo. Esta última imagen, según nos dicen, conmovió los corazones de los más importantes representantes de los gobiernos responsables de las guerras y de los terremotos sociales que esos conflictos han venido provocando durante las últimas décadas, conforme a la estrategia de Estados Unidos y la OTAN. Desde Irak hasta Yugoslavia, desde Afganistán hasta Palestina, desde Libia hasta Siria y Ucrania, esas guerras y embargos han provocado la muerte de millones de niños (sólo en Irak, los 10 años de embargo impuesto contra ese país se tradujeron en la muerte de medio millón de niños), cuyas fotos –por supuesto– nunca aparecieron en los grandes medios de prensa.

A esas pequeñas víctimas hay que agregar los niños adiestrados para odiar y matar por movimientos como el Emirato Islámico y los batallones neonazis ucranianos, que a su vez han recibido entrenamiento garantizado fundamentalmente por Estados Unidos y por las potencias europeas empeñadas en destruir desde adentro Estados enteros.

Nos dicen que el gobierno británico ha decidido acoger 15 000 refugiados sirios porque se conmovió ante la foto del niño sirio ahogado. Pero, al mismo tiempo, ese mismo gobierno británico anuncia que quiere que el parlamento le dé luz verde para una acción militar «contra el malvado régimen de Assad y el Emirato Islámico». Y el ministro [italiano] de Relaciones Exteriores, Paolo Gentiloni, anuncia que, ante el drama de los refugiados, emprenderá la segunda fase de la misión EuNavForMed «contra los traficantes de seres humanos», operación cuyo objetivo final en realidad es la ocupación militar de las zonas costeras libias estratégica y económicamente más importantes.

El éxodo de refugiados, provocado por las guerras, sirve así de pretexto a la realización de objetivos estratégicos: Washington lo utiliza para presionar a los países europeos reforzando la influencia estadounidense en Europa, utilizada esta última como línea del frente contra Rusia y como base para la realización de las operaciones militares de Estados Unidos y la OTAN en el Medio Oriente y en el norte de África, mientras que las más importantes capitales europeas lo utilizan para preparar la opinión pública para nuevas guerras vendidas como «operaciones humanitarias de paz».

Sin conciencia política sobre las causas reales de este éxodo y sus posibles soluciones, se puede explotar incluso el apoyo humanitario que numerosos ciudadanos europeos aportan a esos refugiados. Y también es posible utilizar a los refugiados mismos como masa para maniobrar en contra de los países de donde provienen.

Y así morirán más niños, casi todos sin fotos.

voltairenet

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