Las palomas armadas de Europa

33b1c0ef5b802f0eb18a9f1bd16ce786Los dirigentes europeos tratan por todos los medios de aumentar la presencia de la OTAN en el este de Europa y sus capacidades de intervención en el sur. Así pretenden evitar un posible acercamiento entre Washington y Moscú y tratar a la vez de obtener todo lo que puedan antes de tener que aumentar su propia contribución a la alianza atlántica.

*Articulo del geógrafo y politólogo italiano Manlio Dinucci publicado esta semana en el diario Il Manifiesto

Los ministros de Defensa de la OTAN reunidos en Bruselas, en el marco del Consejo del Atlántico Norte, decidieron nuevos pasos para el «fortalecimiento de la Alianza», ante todo en el frente del este, con el despliegue de nuevas «fuerzas de disuasión» en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia. Al mismo tiempo, decidieron aumentar la presencia de la OTAN en todo el este de Europa con la realización de ejercicios terrestres y navales. En junio, estarán completamente operativos 4 batallones multinacionales que deben desplegarse en esa región.

También se acrecentará la presencia naval de la OTAN en el Mar Negro. Se inició además la creación de un mando multinacional de fuerzas especiales, que inicialmente contará con unidades de Bélgica, Dinamarca y Holanda. Finalmente, el Consejo del Atlántico Norte felicita a Georgia por sus progresos en el proceso que llevará ese país a convertirse en miembro pleno de la OTAN, con lo cual se convertiría –junto a Estonia y Lituania– en el tercer miembro de la alianza atlántica directamente fronterizo con Rusia.

En el frente sur, directamente vinculado con el frente del este, sobre todo debido a la confrontación Rusia-OTAN-Siria, el Consejo del Atlántico Norte anuncia una serie de medidas para «contrarrestar las amenazas provenientes del Medio Oriente y del norte de África y para proyectar estabilidad más allá de nuestras fronteras».

En el Mando de la Fuerza Conjunto Aliada en Nápoles se creó el Polo hacia el Sur, cuyo personal se eleva a 100 militares y cuya misión consistirá en «evaluar las amenazas provenientes de la región y enfrentarlas junto a las naciones y organizaciones socias». Para ello dispondrá de aviones-espías AWACS y de drones que rápidamente entrarán en disposición operativa en la base de Sigonella, situada en Sicilia [Italia].

Para las operaciones militares ya está lista «Fuerza de Respuesta» de la OTAN, con 40 000 soldados, sobre todo su «Fuerza de Avanzada de Muy Alta Rapidez Operativa».

El Polo hacia el Sur, según explica el secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg– aumentará la capacidad de la OTAN para «prevenir las crisis». En otras palabras, la OTAN podrá efectuar intervenciones militares «preventivas». La alianza atlántica adopta así, en conjunto, la doctrina del «halcón» Bush hijo sobre la guerra preventiva.

Los primeros en desear un reforzamiento de la OTAN, ante todo con objetivos anti-rusos, son, en este momento, los gobiernos europeos miembros de la alianza, que generalmente se presentan como «palomas». Su temor es que la administración Trump les coja la delantera o acabe marginándolos si decide abrir negociaciones directas con Moscú.

Particularmente activos están los gobiernos del este de Europa. Varsovia, que no se conforma solamente con la 3ª Brigada blindada estadounidense enviada a Polonia por la administración Obama, ahora solicita a Washington, por boca del influyente Kaczynski, la protección del «paraguas nuclear» estadounidense, o sea el despliegue en suelo polaco de armas nucleares estadounidenses que apunten hacia Rusia.

Kiev, por su parte, retomó en la región de Donbass la ofensiva contra los rusos de Ucrania recurriendo tanto a intensos bombardeos artilleros como al asesinato sistemático de líderes de la resistencia mediante atentados tras los cuales también se esconde la participación de los servicios secretos occidentales. Al mismo tiempo, el presidente Porochenko anunció un referéndum para incorporar Ucrania a la OTAN.

Y ¿quién corrió a respaldarlo? El primer ministro griego Alexis Tsipras, quien, de visita oficial en Kiev –los días 8 y 9 de febrero–, expresó al presidente Porochenko «el firme apoyo de Grecia a la soberanía, la integridad territorial y la independencia de Ucrania» y, por tanto, su no reconocimiento a lo que Kiev llama «la ilegal anexión rusa de Crimea». Según Tsipras, su encuentro con Porochenko creó las bases para «años de estrecha colaboración entre Grecia y Ucrania» y contribuirá a «alcanzar la paz en la región».

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